JORGE LUIS BORGES: «Wells, increíblemente, no es nazi. Increíblemente, pues casi todos mis contemporáneos lo son, aunque lo nieguen o lo ignoren. Desde 1925, no hay publicista que no opine que el hecho inevitable y trivial de haber nacido en un determinado país y de pertenecer a tal raza (o a tal buena mixtura de razas) no sea un privilegio singular y un talismán suficiente. Vindicadores de la democracia, que se creen muy diversos de Goebbels, instan a sus lectores, en el dialecto mismo del enemigo, a escuchar los latidos de un corazón que recoge los íntimos mandatos de la sangre y de la tierra»

JULIO CARO BAROJA: “Considero que todo lo que se habla de ‘carácter nacional’ es una actividad mística. Los caracteres nacionales se quisieron fijar como colectivos y hereditarios. Así, a veces, se recurrió a expresiones como las de ‘mal español’, ‘hijo renegado’, traidor a la ‘herencia de los padres’ para atacar a un enemigo”.

KARINA SAINZ BORGO: «Tengo discusiones bastante subidas de tono sobre el hecho de regresar a Venezuela. Yo dije que no quiero volver —bajo ninguna circunstancia—.

Sé que eso suele no gustar, me hace antipática, pero me cuesta mucho. Incluso América Latina me cuesta. Hay algo allí que no puedo manejar. Quizá visto desde fuera parezca un poco irracional, pero el tema de la pertenencia, el origen, incluso la propia idea de una casa, para mí no existe. Estoy aquí en España, trabajo aquí, mi familia es española, pero yo no siento ningún arraigo. No me veo en una sepultura ni en una casa. Es una suerte de sensación de lo errático que a mí me hace sentir tranquila. Y creo que por eso me gusta tanto el proyecto europeo, que en el fondo es compartir unos valores comunes, es decir, la cultura, la civilización, la legalidad. No estoy diciendo que Europa sea perfecta, claro que no lo es, pero me siento mucho más llamada a formar parte de un proyecto de ese tipo»
JORGE MAJFUD: «Yo me reconozco como uruguayo. Reconozco una vaga región cultural llamada Uruguay. Pero de ninguna manera soy patriota. Me niego a ser patriota como me niego a responder a una raza —otra histórica arbitrariedad de la ignorancia humana. Me niego a inyectarme ese sentimiento militarista. Ser patriota es confirmar la arbitrariedad de haber nacido en un lugar cualquiera de este mundo, negando el mismo derecho que merece un africano o un asiático de merecer mi más profundo respeto, mi más firme defensa como ser humano. Desde niños, las instituciones sociales nos imponen ese sentimiento. Hace varios años uno de mis personajes, en el momento de jurar "dar la vida por su bandera" en su tierna infancia, gritó "no juro", alegando que ese juramento era inválido e inútil, que gracias a ese juramento los asesinos y corruptos podían recibir sus credenciales de ciudadanía igual que cualquier honesto trabajador. Etc. Estoy de acuerdo con mi propio personaje. ¿Por qué debo amar a un desconocido compatriota más que a un desconocido australiano o más que a un desconocido portugués? ¿Por qué habría de entregar mi vida por una región del mundo en desmedro de otra? ¿Por qué el Uruguay habría de ser más sagrado que el Congo o Singapur? ¿Por qué debo considerar a mis compatriotas más hermanos que un argelino o un mexicano? Sí, me siento culturalmente más próximo a otro uruguayo, compartimos una historia, una forma de sentir el mundo, de hablar, de comer. Pero eso no le da prioridad a ningún compatriota mío para ser considerado más ser humano que cualquier otro»

EUGENIO D'ORS: «No cesaremos nunca de combatir esa manera geográfica de comprender la crítica, residuo, mitad y mitad, de las absurdas teorías sociológicas a lo Taine y de los tendenciosos nacionalismos políticos; con sus propinas, además, de complicidad permanente en la frivolidad turística y en la indolencia gacetera. Obstinadamente, en los estudios históricos o en las polémicas ideológicas, nos hemos empeñado en aplastar los lugares comunes de un Watteau, tan francés, o de un Goya, tan español, o del sabor al terruño, que dicen tener la patética escultura religiosa castellana —que venía de Borgoña—, o del “estilo catalán”, que ha acabado por encontrarse en los muebles estilo Reina Ana, regalados a sus amigos por los capitanes de velero que navegaban hasta las costas de Inglaterra; o, igual, de “la autonomía” de los primitivos flamencos o de la pretensión suiza, argentina o chilena, de tener un “arte propio”, un “arte nacional”...»

FERNANDO SAVATER: «¿Quién que haya sido culto en Europa no ha sido culto en europeo? ¿Quién por veleidades nacionalistas no ha leído a Shakespeare, o a Dante, o a Thomas Mann? El hombre culto en Europa, desde la Edad Media, siempre ha sido europeo. Esa realidad es realmente la única que ha existido. La idea de Europa ha resistido todos los enfrentamientos nacionales porque era una unidad cultural y exclusivamente cultural; lo que pasa es que cultural es el espíritu de los individuos, no en las instituciones universitarias, no en la posibilidad de transfusiones culturales de un lugar a otro del espectro institucional. Ahora, ya digo, en el espíritu de los individuos no ha habido hombre culto europeo que no haya sido eso: culto de toda Europa, no solamente de su país»

ÍÑIGO RAMÍREZ DE HARO: «La vida diplomática es fascinante: no hay carreras en las que te paguen bien y puedas vivir en tantos países. Así ves que en todos los sitios es igual, que toda la gente vive más o menos por lo mismo, que todo el mundo quiere las mismas cosas elementales. Y que todos los conflictos se generan sobre la superestructura del nacionalismo, del odio al vecino, al migrante».

GUIDO ARROYO GONZÁLEZ: «LA POESÍA chilena no existe. Tampoco la poesía congolesa, adulta, vietnamita, adolescente, paraguaya o infantil. La escritura poética, desprendida de su rol fundacional y vuelta un organismo autónomo gracias a las vanguardias, es pura anormalidad creativa. Una marea que captura las enfermedades de la lengua. Utilizar un concepto etario o patrio para definir un tipo de poesía, es un imperativo que solo le sirve a la despistada academia y a los editorzuelos»

FERNANDO ARAMBURU: "Tengo los ocho apellidos vascos y probablemente más, pero nunca me ha parecido que sea un motivo de lucimiento. No necesito llenar mi vacuidad con identidades, ni con fanatismo. No necesito pintarme rayas para parecer una cebra. Todos mis antecesores eran vascos o vasco-navarros, ya está. Es lo que me ha tocado. Y si mi apellido decimotercero, que no lo sé, fuera castellano, no supondría para mí ninguna vergüenza. Lo que da perfil a las personas es su calidad moral, su cultura, su educación. Eso sí que me parece importante".
MARCELA SERRANO: «¡Odio el 18! No soporto ni las Fiestas Patrias ni sus símbolos. La cueca, el rodeo, la Parada Militar, el vino arreglado, las fondas. Me sorprende que para el pueblo chileno sea tan importante. Durante mi infancia, en el sur, en estas fechas no nos dejaban salir a caballo ni acercarnos al pueblo por la cantidad de borrachos que nos rodeaban».
FRANCISCO UMBRAL: «Toda nación es un invento jurídico legítimo a partir de la ilegitimidad originaria de la cartografía e incluso del planetario. Si está sin justificar el Universo (que ni siquiera sé si se merece esta mayúscula), ¿cómo va a estar justificado un pequeño país?»

JORGE MAJFUD: "Cierta vez, en una clase de secundaria, le preguntamos a la profesora por qué no se hablaba de Juan Carlos Onetti. La respuesta fue contundente: ese señor había recibido todo de Uruguay (educación, fama) y “se había ido” a España a hablar mal de su propio país. Es decir, se identificaba un país entero con un gobierno y una ideología, excluyendo y desmoralizando todo lo demás.

De forma implícita, se asume que existe una forma única —verdadera, honorable— de país y de ser uruguayo (chino, argentino, norteamericano, francés). Si uno está en contra de esa idea particular de país, de patria, entonces es antipatriota, es un traidor"

BERTRAND RUSSELL: «La facultad de moldear los cerebros infantiles que la ciencia pone en nuestras manos, es un poder terrible susceptible de un fatal empleo; si cae en personas inhábiles, puede producir un mundo todavía más cruel y despiadado que el mundo casual de la naturaleza. Con el pretexto de que se les enseña religión, patriotismo, valor, comunismo, amor al pueblo o ardor revolucionario, los niños pueden llegar a ser fanáticos, belicosos y brutales. La enseñanza debe estar inspirada por el amor y debe aspirar a infundir amor en los niños. De lo contrario, será cada vez más dañina al mejorar la técnica científica»



DENNIS SCHRÖDER: «Cuando tenía 14 años, me senté frente al televisor a ver a Dirk Nowitzki portar la bandera en los Juegos Olímpicos de Verano de Pekín 2008. En aquel entonces pensé: «Qué guay, no hay mayor honor». Es un gran honor, pero para mí nunca será igual que para Dirk. Nunca recibiré el mismo cariño en este país, porque tengo la piel oscura»

STEPHEN VIZINCZEY: «La enseñanza de literatura inglesa en vez de literatura es a mi juicio la más nociva de todas las perversamente equivocadas prácticas docentes, porque roba a nuestra vida intelectual y artística una gran cantidad de sabiduría e inspiración. Es como si tuviéramos un sistema de educación musical que no enseñara música, sino sólo música inglesa, y no hubiera apenas en Inglaterra músicos o amantes de la música que hubiesen oído alguna vez una sola pieza de Mozart.

Por suerte, todos los interesados están de acuerdo en que la música tiene que ver con la música, no con la xenofobia, en que las sinfonías de Beethoven pueden emocionar a los ingleses más profundamente que las de Elgar… En resumen, que lo mejor es lo más próximo a nosotros.

La mayoría de los educadores no ha llegado todavía a comprender algo tan elemental como la universalidad de la gran literatura, o mejor dicho, no parecen conscientes de lo escasa que es. La preocupación exclusiva por los autores nativos se deriva, al menos en parte, de la creencia de que hay multitudes de escritores importantes en todos los rincones del mundo… un error debido a la incapacidad para distinguir entre los hábiles y los incomparablemente profundos»


RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO: «Yo he pasado una vergüenza enorme viendo a los españoles "demostrar" su españolidad. Porque no se trata, en su caso, de mostrarla, sino de demostrarla. Es algo terrible. La ostentación de la "españolez" me provoca náuseas allí donde la reconozco, ya se trate de un baile regional, de una romería popular o de un evento deportivo. El otro día, una periodista me preguntó a bocajarro: "¿Sigue usted odiando a España?". Hombre, dicho de esta manera suena como una solemne estupidez. ¿Cómo odiar España así, en abstracto? Odio a España cuando pienso en los toros o en la fiesta del Rocío»
GOETHE: «Es muy buena cosa que ahora, con el estrecho intercambio entre franceses, ingleses y alemanes, nos corregimos unos a otros. Ése es el fruto de una literatura cosmopolita. Carlyle ha escrito la vida de Schiller, y lo ha juzgado en general de una manera como no es fácil lo haga ningún alemán. En cambio, nosotros estamos al tanto de Shakespeare y Byron, y sabemos apreciarlos quizá mejor que los ingleses mismos»

FEDERICO GARCÍA LORCA: «Yo soy español integral, y me sería imposible vivir fuera de mis límites geográficos; pero odio al que es español por ser español nada más. Yo soy hermano de todos y execro al hombre que se sacrifica por una idea nacionalista abstracta por el solo hecho de que ama a su patria con una venda en los ojos. El chino bueno está más cerca de mí que el español malo. Canto a España y la siento hasta la médula; pero antes que esto soy hombre del mundo y hermano de todos. Desde luego, no creo en la frontera política»

FRANZ KAFKA: «Tanto la nación como la clase obrera no son más que generalizaciones abstractas, conceptos dogmáticos, apariencias nebulosas que sólo se han convertido en algo concreto gracias a una operación lingüística. Ambos conceptos sólo tienen carta de realidad en cuanto creaciones lingüísticas. Su vida está anclada en el habla, en el mundo interior del habla, pero no en el mundo exterior de las personas. Y sin embargo, lo único verdadero es el ser humano concreto y real, el prójimo que Dios interpone en nuestro camino y a cuyas actuaciones estamos expuestos directamente»

OSCAR LEVY: «El pueblo elegido. A los pueblos elegidos de hoy les pasa lo mismo que a los pueblos elegidos de antes: ¡que el resto no se los cree!»

JORGE MAJFUD: «Un soldado que piense gasta inútilmente sus energías mentales. Si acaso se niega a ir a una guerra que considera injusta, recibirá todo el peso de la ley, la cárcel, y la lapidaria deshonra de "traidor a la patria". Lo que demuestra, una vez más, que sólo un reducido grupo —con intereses y con poder— puede administrar el significado de lo que es y no es "patriota". Es decir, patriota es alguien que no cuestiona, que no critica. El patriota ideal no piensa».


CARLOS ALBERTO MONTANER: "Todos los bípedos del planeta pueden estar-orgullosos-de-sus lenguas -o de sus banderitas-, con lo cual se anulan automáticamente los fundamentos de ese orgullo. ¿Por qué debo estar orgulloso de escribir en el idioma de Cervantes? Es muy peligroso asumir la historia de la cultura como un legado sentimental y vinculante, porque en el mismo idioma y por las mismas fechas en que Cervantes escribía su novela, los tribunales inquisitoriales redactaban las más retorcidas sentencias que pueda imaginarse. No es honesto asumir con orgullo a Velázquez y Goya e ignorar a Torquemada o al sanguinario Conde de España. ¿Por qué debo sentir orgullo por la obra de Menéndez Pidal y vergüenza por los crímenes de Valeriano Weyler, precursor español de los campos de concentración?"
JUAN ABREU: «En cuanto a la poética frase de Saint-Exupéry, "La patria es la infancia", no creo en las patrias, ni siquiera en la de la infancia. La patria es la máscara favorita del oscurantismo tribal, el mayor adversario del impulso civilizatorio»
JORGE MAJFUD: "Cierta vez, uno de mis estudiantes latinoamericanos me lanzó una de esas típicas preguntas que son como caballitos de Troya.

“Según tengo entendido –dijo–, usted es ciudadano uruguayo y estadounidense. Tiene doble ciudadanía. Mi pregunta es: en caso de una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, ¿a qué país defendería usted?”

La pregunta era reveladora. Revelaba un paquete conocido de preceptos ideológicos que suelen manipularse a la perfección por los políticos y por todos aquellos que creen que un país es un monolito ideológico, una secta, un ejército, un equipo de futbol. Escuché preguntas similares en otros países, aplicadas como un martillo sobre judíos, musulmanes, y todos aquellos que son percibidos como binacionales.

Mi estudiante, al que aprecio como persona, con su uniforme caqui de los marines esa tarde, sonrió, como quien acaba de dar jaque en una partida de ajedrez.

Sólo me limité a aclararle que la pregunta era muy fácil de responder, a pesar de que siempre se respondía mal, cuando se respondía.

“Como ciudadano de ambos países, ese dilema no me produce ningún conflicto. En un caso hipotético (y absurdo) entre una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, no dudaría en ponerme de lado de la verdad y la justicia, es decir, de quien, a mi juicio, está en lo justo. Defendería a quien tiene razón en la disputa. De esa forma, les haría un favor, aunque modesto y seguramente irrelevante, a los dos. A uno por defender su razón y derecho, y al otro por resistir su error”.

LUDWIK LEJZER ZAMENHOF: «La gente ha soñado con esto durante siglos, y finalmente se ha hecho realidad. Personas de una gran variedad de países y naciones se han reunido en un pequeño pueblo de la costa francesa. Normalmente, cuando los extranjeros se encuentran, no se entienden entre sí. Pero estas personas se hablan como hermanos, ¡como miembros de una misma nación! En nuestras reuniones, no hay naciones fuertes ni débiles, nadie se considera más o menos prestigioso que otro; disfrutamos de un ambiente tranquilo en el que nadie tiene por qué sentirse avergonzado ni menospreciado. Nos sentimos miembros de una misma nación, incluso de una misma familia. Por primera vez en la historia de la humanidad, un grupo tan diverso puede reunirse, no como extranjeros ni competidores, sino como hermanos. Nos entendemos, y esto se hace sin que nadie imponga su idioma nacional a nadie. A menudo existe una oscuridad de malentendidos y sospechas que divide a las personas. Esta dinámica se ha disipado. Las muestras de afecto recíprocas y los apretones de manos se ven por todas partes. Se llevan a cabo desde una perspectiva humana, no desde una perspectiva extranjera. Somos conscientes de la novedad de todo esto y reconocemos la importancia de que continúe. Este pequeño pueblo francés nos ha dado una cálida bienvenida; sin embargo, no somos simplemente franceses e ingleses, ni rusos y polacos: ¡somos humanos y humanos! ¡Bendito sea el día, que esto continúe y crezca por mucho tiempo!»

WARREN BUFFETT: “El comercio no puede ser un arma de guerra. Deberíamos buscar comerciar con el resto del mundo: nosotros deberíamos producir lo que mejor sabemos hacer, y ellos lo mismo. Es un gran error tener siete mil quinientos millones de personas a las que no les gustas mucho y 300 millones que se jactan de lo bien que les va"
JOSÉ ANTONIO MARINA: "Es posible que si las culturas pudieran permanecer enclaustradas, sometidas a un aislamiento geográfico o a un fanatismo fundamentalista, las creencias morales sobrevivieran indefinidamente sin ser puestas en cuestión, pero no lo creo. No es la globalización de los problemas, ni el turismo, ni el comercio, ni las redes de comunicación los que ponen en un brete al provincianismo moral, sino la propia inteligencia humana, que aspira tenazmente a la fundamentación, la claridad y la ampliación de sus conocimientos y actividades, aunque muchas veces derrape. No hay que olvidar que las morales históricas son una estación de paso en la huida del ser humano hacia la felicidad: el dinamismo expansivo de la inteligencia puede equivocarse, pero no detenerse"

EUGENE LANTI: «El mundo internacional presupone naciones. Esto es malo. Sin embargo, las naciones existen. Lamentablemente, así es. Las enfermedades y las epidemias también existen. ¿Es prudente conservar estos males para que los hombres estén sanos? Por el contrario, un médico compasivo intenta eliminarlos, aniquilarlos»

STEFAN ZWEIG: "Todos los países son igualmente inviables, Europa no volverá a ser habitable hasta que esté unificada y ofrezca en su espacio libertad de movimiento"


GOETHE: «Como hombre, como ciudadano, el poeta amará su patria; pero la patria de su fuerza y de su acción poéticas son la Bondad, la Nobleza, la Belleza, que no están ligadas a ninguna provincia especial, a ningún país especial, que él toma y forma allí donde los encuentra»

FRANZ GRILLPARZER: «De la humanidad a la bestialidad pasando por la nacionalidad»
HARRY MARTINSON: «El hombre que siempre se encuentra en marcha no conoce el autoenaltecimiento del individuo ni la estrechez de miras de quien saca sus fuerzas del nacionalismo: así es como encuentra su verdadera felicidad humana»
ALAIN BORER: "De todos los libros, el que prefiero es mi pasaporte, el único en octavo que abre las fronteras."