JUAN ABREU: «Todo eso del lugar donde uno nació y sus intrínsecas maravillas está muy sobrevalorado.

Muy sobrevalorado.

Del sol de la isla donde nací, por ejemplo, que te achicharra en cuanto te descuidas, que te escalda el lomo a la menor oportunidad, dicen maravillas los nacidos en la isla.

Del mar, qué contarles: ¡las cosas que dicen!

Hace poco estuve en Grecia y en cuanto me sumergí en aquellas aguas maravillosas comprendí que eran iguales, —¡qué digo! ¡mucho mejores!— que las de la isla donde nací.

¡Y allí, a dos pasos, el Partenón!»

ROBERTO BOLAÑO: «Mi única patria son mis dos hijos, Lautaro y Alexandra. Y tal vez, pero en segundo plano, algunos instantes, algunas calles, algunos rostros o escenas o libros que están dentro de mí y que algún día olvidaré, que es lo mejor que uno puede hacer con la patria»
PÍO BAROJA: «Se ve que el internacionalismo, prácticamente, no es nada. En pequeño se observa que Hendaya se hace cada vez más francés, e Irún, cada vez más español. Yo me figuro que en casi todas las fronteras pasará lo mismo. El único internacionalismo verdadero es el de la cultura, y ése era más profundo y arraigado en el tiempo del Renacimiento y de la Reforma que en esta época de estúpido nacionalismo en que vivimos»
JORGE LUIS BORGES: «Yo creo que habría que empezar enseñando la Historia Universal y después la historia de cada país. Ya dijo Toynbee en la primera página de su libro que la historia de Inglaterra sería indecible si no tomamos en cuenta a los celtas, a los romanos, a los griegos, a los sajones, a los escandinavos, a los normandos…»

PAUL CLAUDEL: «La verdad católica contra el apego local. No hay más patria que el cielo»
JOSEPH ROTH: «Pero en lugar de saludar Lopatyny como una patria reencontrada, el Conde Morstin empezó a entregarse a meditaciones misteriosas y desusadas acerca del problema de su patria. Ahora, pensaba para sí, que este pueblo pertenece a Polonia y no a Austria ¿es todavía mi patria? ¿Qué es realmente patria? ¿No es determinado uniforme de policías y aduaneros que nos hemos topado en nuestra infancia, tan «patria» como el pino y el abeto, el pantano y el prado, las nubes y el arroyo? ¿No estaba en mi lugar de origen, en este lugar —seguía preguntándose el Conde— porque pertenecía a un Señor, al que también le pertenecían innumerables lugares de otro tipo que yo amaba? ¡Sin duda! Los caprichos forzados de la historia han destruido también mi alegría privada, a la que llamaba patria. Ahora, en todas partes se habla de la nueva patria. A sus ojos soy lo que se llama un apátrida. Siempre lo he sido. ¡Ay! Hubo una vez una patria auténtica, a saber, la única patria posible para los «apátridas». Era la antigua monarquía. Ahora soy un hombre sin lugar de origen, que ha perdido el verdadero terruño del eterno vagabundo»
CLAUDIO MAGRIS: «Las respuestas intolerantes a las actuales transformaciones del mundo son peligrosísimas y bárbaras y obstaculizan gravemente —con cerrazones de toda índole— ese proceso de formación de una nueva y más auténtica universalidad; un proceso entusiasmante, porque por primera vez en la historia, a través de un diálogo que va más allá de cualquier frontera, está naciendo o podría nacer, aun entre mil peligros y horrendas distorsiones, una universalidad verdaderamente universal, expresión de las civilizaciones de toda la tierra y no solo de Occidente o de Oriente»
LEÓN FELIPE:
"Sensibles a todo viento
y bajo todos los cielos,
poetas, nunca cantemos
la vida de un mismo pueblo
ni la flor de un solo huerto.
Que sean todos los pueblos
y todos los huertos nuestros"
CARLO ROVELLI: "¿Qué político tiene el valor de decir: 'En lugar de fortalecer mi propio país, quiero mejorar la humanidad'?"
MARJANE SATRAPI: «El mundo no está dividido entre Este y Oeste. Tú eres americano, yo soy iraní. No nos conocemos, pero podemos hablar y comprendernos a la perfección. La diferencia entre tú y tu gobierno es mucho más grande que entre tú y yo. Nuestros gobiernos son más o menos lo mismo»

GYÖRGY SOMLYÓ: «Al cruzar la frontera de otro país, lo primero que sorprende no es lo diferente que son las casas, sino que sigan siendo igual»

FRED VARGAS: «Vivimos en una época de crueldad. Nos negamos a comprender que todos somos migrantes, extranjeros, extranjeros para otros pueblos del mundo. Somos crueles, a pesar de que Francia es históricamente el país donde se ha producido la mayor mezcla de pueblos»
JUAN ABREU: «La nostalgia es algo denigrante. ¿Quieren saber para qué me han servido veintiocho años de Exilio? Para aprender que la nostalgia del lugar donde uno nació es algo denigrante. Una patraña. Una estafa. Los mangos de Puerto Rico o Costa Rica son tan buenos, o mejores, que los de Jatibonico.

Esa es la pura verdad.

Y si no lo fueran, ¡qué más da!»
HEINRICH HEINE: «¿No es la vida del individuo quizás tan valiosa como la de toda la raza? Porque cada persona ya es un mundo, nace con ella y muere con ella; bajo cada lápida yace una historia universal»


ALPHONSE DE LAMARTINE: «Soy hombre antes que francés, inglés o ruso, y si hubiera un conflicto entre el estrecho interés del nacionalismo y el inmenso interés de la humanidad, diría, como Barnave : «¡Que mi nación perezca, con tal de que la humanidad triunfe!»

CARLO GOLDONI: «El que no sale nunca de la tierra vive lleno de prejuicios»
ARTHUR KOESTLER: «El odio al extranjero, que se remonta a la época de la tribu, parece ser el sentimiento colectivo más antiguo de la humanidad. La palabra griega «bárbaro» significa extranjero y, para el francés, más conservador que el griego, el extranjero nunca ha dejado de ser bárbaro»

ÉMILE-AUGUSTE CHARTIER "ALAIN": «El honor nacional es un rifle cargado»

JULIO CARO BAROJA: «Considero, en efecto, que hablar de "carácter nacional" es una actividad mítica; es decir, que el que habla o charla se ajusta a una tradición, más o menos elaborada, sin base que pueda apoyarse en hechos científicamente observados y observables, tradición que tiende a explicar algo de modo popular y que de hecho cambia más de lo que se cree o dice. El mito es favorable o desfavorable, según quien lo elabora o lo utiliza, y puede degenerar en verdadera manía»

JORGE LUIS BORGES: «Wells, increíblemente, no es nazi. Increíblemente, pues casi todos mis contemporáneos lo son, aunque lo nieguen o lo ignoren. Desde 1925, no hay publicista que no opine que el hecho inevitable y trivial de haber nacido en un determinado país y de pertenecer a tal raza (o a tal buena mixtura de razas) no sea un privilegio singular y un talismán suficiente. Vindicadores de la democracia, que se creen muy diversos de Goebbels, instan a sus lectores, en el dialecto mismo del enemigo, a escuchar los latidos de un corazón que recoge los íntimos mandatos de la sangre y de la tierra»

JULIO CARO BAROJA: “Los caracteres nacionales se quisieron fijar como colectivos y hereditarios. Así, a veces, se recurrió a expresiones como las de ‘mal español’, ‘hijo renegado’, traidor a la ‘herencia de los padres’ para atacar a un enemigo”.

KARINA SAINZ BORGO: «Tengo discusiones bastante subidas de tono sobre el hecho de regresar a Venezuela. Yo dije que no quiero volver —bajo ninguna circunstancia—.

Sé que eso suele no gustar, me hace antipática, pero me cuesta mucho. Incluso América Latina me cuesta. Hay algo allí que no puedo manejar. Quizá visto desde fuera parezca un poco irracional, pero el tema de la pertenencia, el origen, incluso la propia idea de una casa, para mí no existe. Estoy aquí en España, trabajo aquí, mi familia es española, pero yo no siento ningún arraigo. No me veo en una sepultura ni en una casa. Es una suerte de sensación de lo errático que a mí me hace sentir tranquila. Y creo que por eso me gusta tanto el proyecto europeo, que en el fondo es compartir unos valores comunes, es decir, la cultura, la civilización, la legalidad. No estoy diciendo que Europa sea perfecta, claro que no lo es, pero me siento mucho más llamada a formar parte de un proyecto de ese tipo»
JORGE MAJFUD: «Yo me reconozco como uruguayo. Reconozco una vaga región cultural llamada Uruguay. Pero de ninguna manera soy patriota. Me niego a ser patriota como me niego a responder a una raza —otra histórica arbitrariedad de la ignorancia humana. Me niego a inyectarme ese sentimiento militarista. Ser patriota es confirmar la arbitrariedad de haber nacido en un lugar cualquiera de este mundo, negando el mismo derecho que merece un africano o un asiático de merecer mi más profundo respeto, mi más firme defensa como ser humano. Desde niños, las instituciones sociales nos imponen ese sentimiento. Hace varios años uno de mis personajes, en el momento de jurar "dar la vida por su bandera" en su tierna infancia, gritó "no juro", alegando que ese juramento era inválido e inútil, que gracias a ese juramento los asesinos y corruptos podían recibir sus credenciales de ciudadanía igual que cualquier honesto trabajador. Etc. Estoy de acuerdo con mi propio personaje. ¿Por qué debo amar a un desconocido compatriota más que a un desconocido australiano o más que a un desconocido portugués? ¿Por qué habría de entregar mi vida por una región del mundo en desmedro de otra? ¿Por qué el Uruguay habría de ser más sagrado que el Congo o Singapur? ¿Por qué debo considerar a mis compatriotas más hermanos que un argelino o un mexicano? Sí, me siento culturalmente más próximo a otro uruguayo, compartimos una historia, una forma de sentir el mundo, de hablar, de comer. Pero eso no le da prioridad a ningún compatriota mío para ser considerado más ser humano que cualquier otro»

EUGENIO D'ORS: «No cesaremos nunca de combatir esa manera geográfica de comprender la crítica, residuo, mitad y mitad, de las absurdas teorías sociológicas a lo Taine y de los tendenciosos nacionalismos políticos; con sus propinas, además, de complicidad permanente en la frivolidad turística y en la indolencia gacetera. Obstinadamente, en los estudios históricos o en las polémicas ideológicas, nos hemos empeñado en aplastar los lugares comunes de un Watteau, tan francés, o de un Goya, tan español, o del sabor al terruño, que dicen tener la patética escultura religiosa castellana —que venía de Borgoña—, o del “estilo catalán”, que ha acabado por encontrarse en los muebles estilo Reina Ana, regalados a sus amigos por los capitanes de velero que navegaban hasta las costas de Inglaterra; o, igual, de “la autonomía” de los primitivos flamencos o de la pretensión suiza, argentina o chilena, de tener un “arte propio”, un “arte nacional”...»

FERNANDO SAVATER: «¿Quién que haya sido culto en Europa no ha sido culto en europeo? ¿Quién por veleidades nacionalistas no ha leído a Shakespeare, o a Dante, o a Thomas Mann? El hombre culto en Europa, desde la Edad Media, siempre ha sido europeo. Esa realidad es realmente la única que ha existido. La idea de Europa ha resistido todos los enfrentamientos nacionales porque era una unidad cultural y exclusivamente cultural; lo que pasa es que cultural es el espíritu de los individuos, no en las instituciones universitarias, no en la posibilidad de transfusiones culturales de un lugar a otro del espectro institucional. Ahora, ya digo, en el espíritu de los individuos no ha habido hombre culto europeo que no haya sido eso: culto de toda Europa, no solamente de su país»

ÍÑIGO RAMÍREZ DE HARO: «La vida diplomática es fascinante: no hay carreras en las que te paguen bien y puedas vivir en tantos países. Así ves que en todos los sitios es igual, que toda la gente vive más o menos por lo mismo, que todo el mundo quiere las mismas cosas elementales. Y que todos los conflictos se generan sobre la superestructura del nacionalismo, del odio al vecino, al migrante».

JUAN ABREU: «Exilio, esa es una palabrita venenosa.

Tan venenosa como la palabrita Patria.

Yo no me considero un exiliado, me considero un hombre libre en el paisaje del mundo.

Si me hubiera quedado en la isla donde nací, en ese entorno empobrecedor, hoy sería otra persona, peor sin duda.

El entorno es muy importante. Lo cambia a uno. No se han cantado lo suficiente las virtudes humanistas del agua corriente, los supermercados abastecidos, el transporte puntual y la electricidad ininterrumpida.
Verdaderas fuentes de humanidad»
GUIDO ARROYO GONZÁLEZ: «LA POESÍA chilena no existe. Tampoco la poesía congolesa, adulta, vietnamita, adolescente, paraguaya o infantil. La escritura poética, desprendida de su rol fundacional y vuelta un organismo autónomo gracias a las vanguardias, es pura anormalidad creativa. Una marea que captura las enfermedades de la lengua. Utilizar un concepto etario o patrio para definir un tipo de poesía, es un imperativo que solo le sirve a la despistada academia y a los editorzuelos»

FERNANDO ARAMBURU: "Tengo los ocho apellidos vascos y probablemente más, pero nunca me ha parecido que sea un motivo de lucimiento. No necesito llenar mi vacuidad con identidades, ni con fanatismo. No necesito pintarme rayas para parecer una cebra. Todos mis antecesores eran vascos o vasco-navarros, ya está. Es lo que me ha tocado. Y si mi apellido decimotercero, que no lo sé, fuera castellano, no supondría para mí ninguna vergüenza. Lo que da perfil a las personas es su calidad moral, su cultura, su educación. Eso sí que me parece importante".
MARCELA SERRANO: «¡Odio el 18! No soporto ni las Fiestas Patrias ni sus símbolos. La cueca, el rodeo, la Parada Militar, el vino arreglado, las fondas. Me sorprende que para el pueblo chileno sea tan importante. Durante mi infancia, en el sur, en estas fechas no nos dejaban salir a caballo ni acercarnos al pueblo por la cantidad de borrachos que nos rodeaban».
FRANCISCO UMBRAL: «Toda nación es un invento jurídico legítimo a partir de la ilegitimidad originaria de la cartografía e incluso del planetario. Si está sin justificar el Universo (que ni siquiera sé si se merece esta mayúscula), ¿cómo va a estar justificado un pequeño país?»

JUAN ABREU: «Hoy, que soy ya mayor y llevo el mismo tiempo fuera de la isla que el tiempo que pasé dentro, he descubierto (soy un animal lento y torpe) que el único lugar al que puedo llamar patria habla, tiene el pelo negro, hermosos ojos, come, ríe, me ama y está sentado ahora mismo entre el público»
JORGE MAJFUD: "Cierta vez, en una clase de secundaria, le preguntamos a la profesora por qué no se hablaba de Juan Carlos Onetti. La respuesta fue contundente: ese señor había recibido todo de Uruguay (educación, fama) y “se había ido” a España a hablar mal de su propio país. Es decir, se identificaba un país entero con un gobierno y una ideología, excluyendo y desmoralizando todo lo demás.

De forma implícita, se asume que existe una forma única —verdadera, honorable— de país y de ser uruguayo (chino, argentino, norteamericano, francés). Si uno está en contra de esa idea particular de país, de patria, entonces es antipatriota, es un traidor"