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EMMA GOLDMAN: "El patriotismo es una superstición artificial creada y mantenida a través de una red de mentiras y falsedades; una superstición que roba a los hombres su dignidad y amor propio e incrementa su arrogancia y presunción".


EMMA GOLDMAN: "El patriotismo es inexorable y, como todos los monstruos insaciables, exige o todo o nada. No admite que un soldado es al mismo tiempo un ser humano, quien tiene derecho a sus propios sentimientos y opiniones, sus propias inclinaciones e ideas. No, el patriotismo no lo puede admitir".


EMMA GOLDMAN: "El patriotismo asume que nuestro globo está dividido en pequeñas parcelas, cada una rodeada por una reja de hierro. Aquellos que han tenido la fortuna de nacer en alguna parcela en particular, se consideran a sí mismos mejores, más nobles, más grandes, más inteligentes que los seres que habitan en cualquier otra parcela. Por consiguiente, es el deber de cada uno de los que viven en dicha parcela el luchar, matar y morir en el intento de imponer su superioridad frente a los demás. Los habitantes de las otras parcelas razonan de igual manera, por supuesto, con el resultado de que, desde la más tierna infancia, las mentes de los niños están emponzoñadas con espeluznantes historias sobre los alemanes, los franceses, los italianos, los rusos, etc. Cuando el niño ha alcanzado la pubertad, está completamente saturado por la creencia de que él ha sido escogido por el Señor para defender su país contra el ataque o invasión de cualquier extranjero".


EMMA GOLDMAN: "Los terribles derroches que el patriotismo conlleva deberían ser suficientes para curar al hombre, incluso de inteligencia media, de esta enfermedad. Sin embargo, el patriotismo todavía exige más. Las personas son instadas a ser patrióticas y para ese lujo deben pagar, no solo manteniendo a sus “defensores”, sino incluso mediante el sacrificio de sus propios hijos. El patriotismo exige una obediencia a la bandera, que significa obediencia y predisposición a matar a tu padre, madre, hermano o hermana".


EMMA GOLDMAN: "Tomemos como ejemplo nuestra propia guerra hispano-norteamericana, supuestamente un gran y patriótico evento en la historia de los Estados Unidos. ¡Cómo nuestros corazones ardían de indignación contra los atroces españoles! En verdad, nuestra indignación no estalló espontáneamente. Fue nutrida por meses de agitación periodística, y mucho después de que el Carnicero Weyler hubiera asesinado a muchos nobles cubanos y ultrajado a muchas mujeres cubanas. Así, y hay que decirlo en justicia para la nación norteamericana, aumentó la indignación y el deseo de luchar, y se luchó valientemente. Pero cuando el humo se disipó, y los muertos fueron enterrados, y el coste de la guerra supuso para las personas un incremento del precio de los bienes y las rentas, es decir, cuando se pasó la borrachera de nuestra juerga patriótica, de pronto nos percatamos que la causa de la guerra hispano-norteamericana fue la cuestión del precio del azúcar; o, para ser más explícitos, que las vidas, sangre y dinero de los norteamericanos se habían empleado para proteger los intereses de los capitalistas norteamericanos, quienes se veían amenazados por el gobierno español. Que esto no es una exageración, sino que está basado absolutamente en hechos y estadísticas, está perfectamente probado en la actitud del gobierno norteamericano con los trabajadores cubanos. Cuando Cuba fue firmemente aferrada por los Estados Unidos, se exigió a los mismos soldados enviados a liberar Cuba que dispararan contra los obreros cubanos durante las grandes huelgas de los cigarreros, las cuales tuvieron lugar poco después de la guerra".



EMMA GOLDMAN: "Los estadounidenses afirmamos ser un pueblo amante de la paz. Odiamos el derramamiento de sangre; nos oponemos a la violencia. Sin embargo, tenemos espasmos de alegría ante la posibilidad de arrojar bombas de dinamita desde máquinas voladoras sobre ciudadanos indefensos. Estamos dispuestos a ahorcar, electrocutar o linchar a cualquiera que, por necesidad económica, arriesgue su vida en el atentado contra algún magnate industrial. Nuestros corazones se llenan de orgullo ante la idea de que Estados Unidos se está convirtiendo en la nación más poderosa de la tierra, y de que finalmente plantará su pie de hierro sobre el cuello de todas las demás naciones. Tal es la lógica del patriotismo".


EMMA GOLDMAN: "Los poderes que por centurias han mantenido esclavizadas a las masas han realizado un completo estudio de su psicología. Saben que las personas, a la larga, son como niños cuya desesperación, dolor y lágrimas pueden convertirse en alegría con un pequeño juguete. Y que el más espléndido juguete si es arropado de colores llamativos atraerá a millones de personas con cabezas de niños. Un ejército y una armada representan los juguetes del pueblo. Para hacerlos más atractivos y aceptables, cientos o miles de dólares se están gastando para mostrar estos juguetes. Éste era el objetivo del gobierno norteamericano avituallando una flota y enviándola a lo largo de la costa del Pacífico, de tal manera que cada ciudadano norteamericano se sintiera ufano y orgulloso de los Estados Unidos".


EMMA GOLDMAN: "La afirmación de que el levantamiento de un ejército y una armada es la mayor seguridad para la paz tiene tanta lógica como afirmar que el más pacífico ciudadano es aquel que está fuertemente armado. La experiencia cotidiana demuestra plenamente que el individuo armado está invariablemente ansioso por probar su fuerza. Lo mismo es históricamente cierto con los gobiernos".


EMMA GOLDMAN: "¡Qué extraño el ejercicio de patriotismo que convierte a un ser pensante en una fiel máquina!".