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RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO: «Yo he pasado una vergüenza enorme viendo a los españoles "demostrar" su españolidad. Porque no se trata, en su caso, de mostrarla, sino de demostrarla. Es algo terrible. La ostentación de la "españolez" me provoca náuseas allí donde la reconozco, ya se trate de un baile regional, de una romería popular o de un evento deportivo. El otro día, una periodista me preguntó a bocajarro: "¿Sigue usted odiando a España?". Hombre, dicho de esta manera suena como una solemne estupidez. ¿Cómo odiar España así, en abstracto? Odio a España cuando pienso en los toros o en la fiesta del Rocío»

RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO: "Los eruditos e investigadores españoles parecen a menudo reyes de armas en busca de honorificencias olvidadas, y su sueño dorado es descubrir un Miguel Servet, un español que «ya lo dijo más de un siglo antes». Ello explica tal vez el hecho de que mientras hay muchos estudiosos extranjeros que se interesan por cosas españolas, apenas se conocen españoles que estudien cosas foráneas; se ve que no pudiéndolas tener por suyas falta el estímulo patriótico-narcisista-onfaloscópico que centra en exclusiva su interés: les importa un pepino la circulación de la sangre si no se trata de reivindicar para España el honor de haberla descubierto. Y esto es negra miseria espiritual".



RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO: "En todas las cosas de los hombres, en todo orden o jerarquía de relaciones, nada ha llegado a ser tan reiterada y tan eficazmente destructivo para la amistad como esa superchería de la unidad. La amistad relaciona a los hombres en su condición de hombres; la unidad los junta y mantiene juntos como cosas. La unidad destruye la amistad porque la desplaza y la reemplaza, usurpando su lugar. La unidad funciona igual que un pegamento, es una especie de sindeticón que mantiene pegados a los hombres como cascotes inertes, inconscientes, de un cacharro roto. El origen del concepto de "unidad" no es otro que la guerra y la dominación".


RAFAEL SÁNCHEZ FERLOSIO: "(Anti-España, 2). ¡Ay, Dios mío! Tengo miedo de haberme vuelto tan histérico para ciertas cosas que ya es que no me van a aguantar ni las paredes. Me basta con que se me junte, por un lado, en el rabillo del ojo el tremolar de la más inocente rojigualda, limitándose acaso a celebrar la cobertura de aguas de una obra, por otro, ya de frente a la pupila, un cartel de toros de una corrida en Castellón de la Plana todavía chorreando pegajosos y hasta obscenos goterones de engrudo blanquisucio y, en fin, para rematar, en el oído cuatro o cinco compases de El gato montés o de Marcial, tú eres el más grande, allá en la lejanía para que, literalmente, me prendan fuego cuerpo y alma a la vez en medio de la calle y clame a toda voz, no sé si al cielo, a la tierra o al infierno, como si fuese mi último suspiro '¡¡¡Odio España!!!' (Os juro, amigos, que no puedo más)"


RAFAEL SÁNCHEZ Ferlosio: "Por cultura me refiero al sentido de "culturas de los pueblos", que tienden poderosamente al absolutismo. Son formas de vida etnocéntricas. Los griegos llamaban bárbaros a todos los demás pueblos y en egipcio la palabra hombre era "un egipcio", para decir un hombre se decía "un egipcio". Yo distingo entre cultura e ilustración, porque la ilustración es más bien una rebelión contra la cultura existente. Los movimientos ilustrados son siempre anticulturales".


RAFAEL SÁNCHEZ Ferlosio: "Ya hace falta estómago para poder amar la historia de España, o bien la de cualquier otro país".