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HERMANN HESSE: “La mente es internacional y supranacional y no debería servir a la guerra y la aniquilación, sino a la paz y la reconciliación”.



HERMANN HESSE: "A pesar del tierno amor que tengo por mi patria, nunca he sabido ser un gran patriota ni un nacionalista… Y pronto me nació una desconfianza hacia las fronteras y un profundo y muchas veces apasionado amor por los humanos, cuya naturaleza está más allá de las fronteras… Al cabo de los años me he sentido impulsado a apreciar más lo que une a los hombres y las naciones en lugar de lo que los divide".


HERMANN HESSE: "Aquel cuya personalidad no ha logrado desligarse de sus orígenes sino a fuerza de penas y luchas no propende a entregar esa libertad y responsabilidad, conseguidas a tan alto precio, a cualquier esquema, programa, escuela, tendencia o cliché".



HERMANN HESSE: "En todas las naciones hay algunas personas verdaderamente humanas que viven en una intimidad demasiado estrecha con la naturaleza o con el espíritu para poder pensar a escala nacional. Yo pertenezco a esta exigua minoría".


HERMANN HESSE: "Muchas veces he visto cómo una sala llena de hombres, una ciudad llena de hombres, un país lleno de hombres caían en ese éxtasis y vértigo que convierten a una multitud de individuos en una sola unidad, una masa homogénea; he visto cómo todo lo individual se apaga y cómo el entusiasmo que provoca la conformidad de pareceres, la confluencia de todos los instintos en un instinto de masas, llena a cien, mil o millones de un sentimiento de superioridad, de un deseo de entrega, de un desprendimiento de la propia personalidad y de un heroísmo que en un principio se manifiesta en llamadas, gritos, escenas de confraternidad con emoción y lágrimas y finalmente acaba en guerra, locura y ríos de sangre. Mi instinto de individualista y de artista me ha prevenido continuamente contra esta capacidad del hombre de embriagarse con el sufrimiento común, el orgullo común, el odio común, el honor común. Cuando en una sala, un pueblo, una ciudad o un país se hace patente este sofocante sentimiento de entusiasmo, me vuelvo frío y desconfiado; entonces me recorre un temblor y veo ya la sangre fluir, las ciudades en llamas, mientras la mayoría de mis conciudadanos, con lágrimas de entusiasmo y profunda emoción en los ojos, están aún ocupados en aclamar y confraternizar".



HERMANN HESSE: "No hay nada más aborrecible que las fronteras, nada más estúpido que las fronteras. Son como cañones, como generales: mientras reinan la razón, la comprensión humana y la paz, pasan inadvertidas y se ríe uno de ellas, en cuanto estallan la guerra y la locura, se vuelven importantes y sagradas".