CARLOS ALBERTO MONTANER: "Todos los bípedos del planeta pueden estar-orgullosos-de-sus lenguas -o de sus
banderitas-, con lo cual se anulan automáticamente los fundamentos de ese
orgullo. ¿Por qué debo estar orgulloso de escribir en el idioma de Cervantes? Es
muy peligroso asumir la historia de la cultura como un legado sentimental y
vinculante, porque en el mismo idioma y por las mismas fechas en que Cervantes
escribía su novela, los tribunales inquisitoriales redactaban las más retorcidas
sentencias que pueda imaginarse. No es honesto asumir con orgullo a Velázquez
y Goya e ignorar a Torquemada o al sanguinario Conde de España. ¿Por qué
debo sentir orgullo por la obra de Menéndez Pidal y vergüenza por los crímenes
de Valeriano Weyler, precursor español de los campos de concentración?"
JORGE MAJFUD: "Cierta vez, uno de mis estudiantes latinoamericanos me lanzó una de esas típicas preguntas que son como caballitos de Troya.
“Según tengo entendido –dijo–, usted es ciudadano uruguayo y estadounidense. Tiene doble ciudadanía. Mi pregunta es: en caso de una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, ¿a qué país defendería usted?”
La pregunta era reveladora. Revelaba un paquete conocido de preceptos ideológicos que suelen manipularse a la perfección por los políticos y por todos aquellos que creen que un país es un monolito ideológico, una secta, un ejército, un equipo de futbol. Escuché preguntas similares en otros países, aplicadas como un martillo sobre judíos, musulmanes, y todos aquellos que son percibidos como binacionales.
Mi estudiante, al que aprecio como persona, con su uniforme caqui de los marines esa tarde, sonrió, como quien acaba de dar jaque en una partida de ajedrez.
Sólo me limité a aclararle que la pregunta era muy fácil de responder, a pesar de que siempre se respondía mal, cuando se respondía.
“Como ciudadano de ambos países, ese dilema no me produce ningún conflicto. En un caso hipotético (y absurdo) entre una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, no dudaría en ponerme de lado de la verdad y la justicia, es decir, de quien, a mi juicio, está en lo justo. Defendería a quien tiene razón en la disputa. De esa forma, les haría un favor, aunque modesto y seguramente irrelevante, a los dos. A uno por defender su razón y derecho, y al otro por resistir su error”.
LUDWIK LEJZER ZAMENHOF: «La gente ha soñado con esto durante siglos, y finalmente se ha hecho realidad. Personas de una gran variedad de países y naciones se han reunido en un pequeño pueblo de la costa francesa. Normalmente, cuando los extranjeros se encuentran, no se entienden entre sí. Pero estas personas se hablan como hermanos, ¡como miembros de una misma nación! En nuestras reuniones, no hay naciones fuertes ni débiles, nadie se considera más o menos prestigioso que otro; disfrutamos de un ambiente tranquilo en el que nadie tiene por qué sentirse avergonzado ni menospreciado. Nos sentimos miembros de una misma nación, incluso de una misma familia. Por primera vez en la historia de la humanidad, un grupo tan diverso puede reunirse, no como extranjeros ni competidores, sino como hermanos. Nos entendemos, y esto se hace sin que nadie imponga su idioma nacional a nadie. A menudo existe una oscuridad de malentendidos y sospechas que divide a las personas. Esta dinámica se ha disipado. Las muestras de afecto recíprocas y los apretones de manos se ven por todas partes. Se llevan a cabo desde una perspectiva humana, no desde una perspectiva extranjera. Somos conscientes de la novedad de todo esto y reconocemos la importancia de que continúe. Este pequeño pueblo francés nos ha dado una cálida bienvenida; sin embargo, no somos simplemente franceses e ingleses, ni rusos y polacos: ¡somos humanos y humanos! ¡Bendito sea el día, que esto continúe y crezca por mucho tiempo!»
WARREN BUFFETT: “El comercio no puede ser un arma de guerra. Deberíamos buscar comerciar con el resto del mundo: nosotros deberíamos producir lo que mejor sabemos hacer, y ellos lo mismo. Es un gran error tener siete mil quinientos millones de personas a las que no les gustas mucho y 300 millones que se jactan de lo bien que les va"
JOSÉ ANTONIO MARINA: "Es posible que si las culturas pudieran permanecer enclaustradas, sometidas a un aislamiento geográfico o a un fanatismo fundamentalista, las creencias morales sobrevivieran indefinidamente sin ser puestas en cuestión, pero no lo creo. No es la globalización de los problemas, ni el turismo, ni el comercio, ni las redes de comunicación los que ponen en un brete al provincianismo moral, sino la propia inteligencia humana, que aspira tenazmente a la fundamentación, la claridad y la ampliación de sus conocimientos y actividades, aunque muchas veces derrape. No hay que olvidar que las morales históricas son una estación de paso en la huida del ser humano hacia la felicidad: el dinamismo expansivo de la inteligencia puede equivocarse, pero no detenerse"
EUGENE LANTI: «El mundo internacional presupone naciones. Esto es malo. Sin embargo, las naciones existen. Lamentablemente, así es. Las enfermedades y las epidemias también existen. ¿Es prudente conservar estos males para que los hombres estén sanos? Por el contrario, un médico compasivo intenta eliminarlos, aniquilarlos»
JORGE MAJFUD: «Ahora bien, podemos decir que un país puede ser una región cultural más o menos definida —y siempre imprecisa—; que la idea de país tiene ventajas en la organización administrativa de la vida pública. De acuerdo. Pero el reclamado sentimiento patriótico, mezcla de fanatismo religioso y utilidad secular, antes que nada es la negación de todos los pueblos que no incluyen al patriota. Si soy nacionalista, si soy patriota, estoy dando prioridad moral a un conjunto de hombres y mujeres desconocidas (mis compatriotas) sobre un conjunto más amplio de desconocidos (la humanidad). Puedo beneficiar a mi familia, a mi ciudad, a mi país en alguna decisión propia. De hecho siempre tendremos tendencia a beneficiar a nuestra familia antes que a la familia del vecino. Pero puedo hacerlo de forma consciente y no valiéndome de una mentira para justificar cualquier acto delictivo de alguno de los integrantes de mi círculo afectivo más próximo. Y el patriotismo es precisamente eso: una condición de irreflexividad. Para ser patriota debo aceptar cierto grado de acrítica —a veces mínimo, a veces obsceno, pero ese grado, por mínimo que sea, es todo lo que tiene de patriota un individuo. Todo lo demás es lo que tiene de individuo. Esto no niega que alguien pueda sentir "amor" por un lugar concreto, por un país, y que pueda dar la vida en su defensa. Un sentimiento de amor es irrefutable. Pero este "entregar la vida por amor" no significa que la motivación de los hechos no esté motivada en un error, en un engaño. El amor es irrefutable, pero lo que hace el amor sí puede serlo. Y para que ese amor se identifique con la motivación errónea es necesario, además, un fuerte sentimiento patriótico. Para que ese amor nos lleve a la muerte sin el paso previo de una profunda reflexión moral es necesario un código incuestionable, una condición de fanatismo, el anestésico de un rito religioso, el patriotismo. De esta forma, la estrategia más efectiva del patriotismo consiste en identificarse —entre otras cosas— con el amor, es decir, con el altruismo, siendo que su objetivo es, paradójicamente, egoísta. Es decir, en nombre del altruismo, el egoísmo; en nombre de la unión, la discriminación»
JAVIER MARÍAS: "Recuerdo que cuando José Luis Garci obtuvo el Oscar, un periódico nacional minimizó el hecho o incluso lo criticó. Estaba en su derecho, ya que ese diario no hace profesión de españolismo a ultranza ni cae de hinojos cada vez que un compatriota triunfa en el extranjero en cualquier campo, sino que tiende a ponderar la posible justicia y merecimiento de ese triunfo, independientemente de su nacionalidad. Y yo mismo, cuando nuestro actual premio Nobel [Camilo José Cela] recibió el premio Nobel que lo ha convertido en premio Nobel, declaré que me parecía la peor noticia posible para la literatura española, ya que suponía la entronización anacrónica de la novela más folklórica, castiza y rancia, contra cuya dictadura los escritores más jóvenes veníamos luchando hacía tiempo. El señor Premio no ha perdonado la osadía de esos novelistas jóvenes que ya no lo somos, necesitado como parece el buen hombre de perpetua unanimidad en la adulación, lo cual hace pensar que tampoco anda muy seguro de su valor. Pero yo no soy nada patriotero, ni siquiera patriótico, y me trae sin cuidado que quien gane algo sea español si a mí me parece una patata el sujeto en cuestión"
GUSTAVE FLAUBERT: «Entiendo poco lo que significa para nosotros hoy la patria. Comprendo muy bien lo que era para el griego, que no tenía más que su ciudad, para el romano que no tenía más que a Roma, para el salvaje al que acosan en su selva, para el árabe, perseguido hasta debajo de su tienda. Pero nosotros, ¿acaso no nos sentimos en el fondo tan chinos como ingleses o franceses? ¿No van hacia el extranjero todos nuestros sueños? De niños, deseamos vivir en el país de los loros, y de los dátiles confitados; nos elevamos con Byron o Virgilio, codiciamos el Oriente en nuestros días de lluvia, o deseamos ir a hacer fortuna a las Indias, o a explotar la caña de azúcar a América. La patria es la tierra, es el universo, son las estrellas, es el aire, es el propio pensamiento, es decir, lo infinito dentro de nuestro pecho. Pero las querellas de pueblo a pueblo, de municipio a barrio, de hombre a hombre, me interesan poco, y solo me divierten cuando constituyen grandes lienzos con fondo rojo»
JUAN ABREU: «Mi aprecio por las patrias es nulo y qué decir de la tierra que nos vio nacer y toda esa faramalla sentimental que para lo único que sirve es para convertirnos en bestias de corral. Y para engordar y enriquecer a los administradores del corral. Tribalismo, atraso, rumiantismo (creo que me acabo de inventar una palabra)»
THÉOPHILE THORÉ: "Cuando las artes de todos los países, con sus cualidades locales, se hayan acostumbrado a los intercambios recíprocos, el carácter del arte se verá enriquecido en todas partes de modo incalculable, sin que cambie el peculiar genio de cada nación. De esta forma se formará una escuela europea en lugar de las sectas nacionales que aún dividen a la gran familia de los artistas; entonces, nacerá una escuela universal, familiarizada con el mundo, a la que nada humano será ajeno"
JOSÉ ANTONIO MARINA: "El análisis esencial nos dice que el patriotismo es un sentimiento
de pertenencia e identidad, determinado históricamente, cuya red
semántica incluye el orgullo, la abnegación y el heroísmo. No es de ayer
la frase: «Dulcis est pro patria mori». Pero si prolongamos el análisis
descubrimos un rasgo de belicosidad, y podemos comprobar que no es un
mero sentimiento de pertenencia, no es un sentimiento familiar ampliado,
como sostienen muchos autores: es un sentimiento de identificación
contra. Su genealogía implica tiempos de incertidumbre y lucha, cuando
era preciso reafirmar la cohesión interna del grupo y sacrificarse por él.
No era un sentimiento para colaborar con los de fuera, sino para proteger
a los de dentro. Eso explica el enlace con el orgullo patrio y con los
sentimientos familiares —la madre patria—. Como consecuencia ética de
este análisis, le diré que me parece evidente que este sentimiento
patriótico no sirve para la colaboración entre naciones y que debe repensarse, recrearse, tomando lo que deba conservarse e inventando un
patriotismo de segunda generación"
ANDRZEJ BOBKOWSKI: "Soy polaco y nunca dejaré de serlo, pero todas esas patrias, sollozos, vínculos inquebrantables y peroratas sobre la nación no son para mí. Hoy, a mi parecer, Polonia es el mismo país que cualquier otro país detrás del Telón de Acero: me duele tanto la injusticia de un polaco en Cracovia como la de un checo en Praga o un lituano o un estonio. Ya no separo nada porque las cosas han ido mucho más lejos y esos conceptos de patria o “mi tierra” se han quedado obsoletos, son pura naftalina"
JORGE MAJFUD: «Todo patriotismo significa una discriminación, un crédito que extendemos a quienes comparten nuestra nacionalidad y se lo negamos a quienes no la comparten. Ahora, ¿por qué este crédito? Este crédito moral sólo puede tener una función profiláctica, pretende evitar la crítica y el cuestionamiento a quienes poseen el beneficio, la alianza interior. Pero es un crédito injusto, inhumano, discriminatorio, arbitrario».
JORGE MAJFUD: «No voy a entrar ahora a analizar el significado de la trágica sustitución de interés real por patriotismo interesado. Simplemente me bastará con anotar que sólo la idea de "patriotismo" es insostenible, desde un punto de vista humano, desde la conciencia de la especie a la que pertenecemos. Es más: el patriotismo no sólo es insostenible para cualquier humanismo, sino que se lo usa para destruir a una humanidad que busca, desesperadamente, su conciencia universal»
JORGE MAJFUD: «Natural es todo aquello que inventaron los hombres y las mujeres antes que naciéramos nosotros; toda mentira que no cuestionamos es necesariamente una verdad. Una mentira útil nunca sirve al engañado sino al que engaña. Una mentira útil, un instrumento de la perversión inhumana, es el patriotismo»
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